Mi tío, uno de los hermanos menores de mi mamá es una persona carismática y con una chispa humorística, capaz de crear un chiste de la nada, de la improvisación.
Por eso que una tarde de 1993 en el patio de la casa en Miami, decidimos filmar un video. Mi tío hacía una imitación de un comercial que se veía por TV, María Furniture, “sino te vende mi padre, te lo vendo yo. Lo que importa es el cash.”
Por eso que una tarde de 1993 en el patio de la casa en Miami, decidimos filmar un video. Mi tío hacía una imitación de un comercial que se veía por TV, María Furniture, “sino te vende mi padre, te lo vendo yo. Lo que importa es el cash.”
Pero esta vez hicimos un cambio, reflejando una mala experiencia a un amigo peruano que se intoxicó con un ceviche en un restaurante.
El tío hacía referencia a pisos de Ceviche y a ceviche de bacalao… jajajajaja… que es un piso de ceviche? Ceviche de bacalao? Jajajaja!!! Y remataba con la frase: “Si no te da cólico… te quejas… ¡Lo que importa es el crack!”.
Para seguir con el show, se me ocurrió entregarle unos cassettes y un recorte de periódico para que continuara improvisando. Uno de los cassettes era de la cantante chilena Myriam Hernández, una mujer muy guapa que a mi tío le encantaba. Él, bromeando al revés, decía que era una mujer “fea” mientras llenaba de besos la portada.
Luego, mirando el recorte de periódico, empezó a burlarse de las celebraciones de los futbolistas y remató con un baile improvisado al ritmo de “¡ti-ti-ti-tititiin!”, mandándole saludos efusivos a su amigo, el “Negro Tomate”. Para cerrar con broche de oro, se despidió dándole un último beso apasionado al cassette… ¡solo para darse cuenta en la cámara de que en el enredo de la improvisación se había equivocado de estuche y estaba besando uno de Los Prisioneros! ¡Jajajaja!
Mi tío, fuera de sí de la alegría, se paró de su asiento y se puso a celebrar saltando y gritando justo enfrente de la pantalla. En cualquier otra circunstancia, celebrar de esa manera tan eufórica frente a la hinchada rival habría sido casi una sentencia de muerte. Sin embargo, mi tío es tan carismático que los ecuatorianos, en lugar de enojarse, se morían de risa con sus locuras y hasta lo terminaron felicitando por el golazo del "Chorri".
Al final del partido, Ecuador anotó dos goles más y nosotros nos fuimos del local cuando el marcador iba 3 a 1 (el resultado definitivo fue 4 a 1). Pero siempre se me quedó grabada en la mente esa celebración de mi tío, una prueba innegable de que su carisma y su buena vibra pueden más que cualquier rivalidad futbolística.
Todavía mi tío tiene muchas más locuras. Estén pendientes.


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