"Jazmín y Margarita" (Versión revisada con IA)
SINOPSIS: Una versión libre de la creación de mi primera foronovela, ambientada en el 2001. Nos presenta a Jazmín, una linda muchacha que trabaja como asistente para una empresa exportadora de mercancía para diferentes negocios en Latinoamérica y es aficionada a las telenovelas que se emiten por los canales en español. Ella vive fascinada por su jefe, Juan Alejandro, a pesar de que él tiene un compromiso con Margarita, una hermosísima y exitosa modelo colombiana que despierta el deseo desenfrenado de los hombres, en especial de Marco, el vecino peruano de Jazmín y aficionado al rock en español. Un día, navegando por la web, Jazmín descubre los foros de telenovelas y se ofrece como voluntaria para escribir una historia.
Personajes (Todo el elenco es IA):
Jazmín
Margarita
Marco
Juan Alejandro
Yolanda y Jesús
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Esta historia sucedió en el año 2001, en un tranquilo suburbio de la ciudad de Miami, Florida, en los Estados Unidos, en una época cuando todavía existían las tiendas de discos, las redes sociales no eran masivas ni indispensables, y el iPod apenas se estaba lanzando sin prever sus consecuencias futuras.
Iniciaba un nuevo siglo, un nuevo milenio lleno de esperanzas e ilusiones. Sin embargo, ese año tomó posesión el nuevo presidente, hijo de un expresidente, tras unas polémicas elecciones cuyos resultados oficiales no se revelaron hasta semanas después.
Aquel 2001 también fue el año del estallido social y de violencia en Argentina; mientras que Estados Unidos sería testigo del mayor ataque terrorista a la nación. En Colombia se vivía un clima de extrema violencia que casi pone en peligro la realización de la Copa América de fútbol, y en el Perú arrestaron al asesor del presidente por el escándalo de los videos donde se le mostraba sobornando a funcionarios del gobierno.
A pesar de las tragedias que ocurrieron ese año, sin duda fue inolvidable para dos bellas chicas de Miami: Jazmín y Margarita.
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Jazmín era una bella y risueña muchacha, nacida en California, Estados Unidos, de padres peruanos. Sin embargo, no lograba conseguir trabajo; en todos los lugares le pedían referencias y experiencia. Su único consuelo mientras buscaba empleo era ver las telenovelas peruanas del mediodía. Soñaba con abrir un albergue para niños huérfanos como en Travesuras del corazón, casarse con un galán como Gustavo Gonzálvez, ganarse el premio mayor como Chalo en Cosas del amor o que le regalaran girasoles como a Lucía Trevi en Girasoles para Lucía. Soñaba y soñaba con las telenovelas.
Jazmín no entendía por qué esas historias no se emitían en el horario estelar, si eran mucho mejores que las de la noche. Le decían que se debía a un acuerdo de exclusividad del canal con una importante productora mexicana. Por eso las grababa en VHS y las veía al caer la noche: ¡tenía más de una docena de casetes donde las archivaba! Además, visitaba foros en internet para compartir novedades sobre los actores y sus futuros proyectos.
No obstante, sabía que no podía vivir de las telenovelas y debía conseguir un trabajo para costear sus gastos, que cada día se acumulaban más.
Todas las mañanas, Jazmín se encontraba con sus vecinos: la señora Yolanda y su esposo Jesús, un contador retirado de Nueva York que casi no hablaba porque doña Yolanda no lo dejaba interceder.
—Hola, Jazmín, ¿cómo estás? ¿Ayer viste la telenovela? —preguntó la señora Yolanda.
—¿Cuál telenovela? —respondió Jazmín.
—La de la noche, la de la chica fea que entra a trabajar en una empresa de modas. Y también veo la del otro canal, sobre una mujer ciega que da a luz a una niña y se enamora del hijo de los patrones... ¡Está buenísima!
—No veo telenovelas en la noche. Las que me gustan las dan al mediodía.
—A esa hora, Jesusito y yo salimos a hacer nuestros ejercicios y chequeos médicos.
—Yo las grabo en VHS.
—Nosotros preferimos verlas en vivo, ¿no es así, Jesusito?
—¿Eh? Sí, sí, querida —respondió don Jesús en tono complaciente.
En ese momento llegó Marco, otro vecino, luciendo su uniforme de mesero y saludando cordialmente.
—Oye, chico —dijo la señora Yolanda—, ¿qué telenovela estás viendo?
—Yo no veo telenovelas.
—¿No ves telenovelas? —exclamó doña Yolanda con indignación—. ¡Tienes que verlas!
—¡Es que no me interesan! Pienso que son una pérdida de tiempo... ¡puros gritos y lágrimas! A esa hora prefiero escuchar el programa de radio de rock en español de Kiko Lozada.
—¿Sigue con ese programa? —intervino Jazmín—. Lo último que supe fue que se había mudado a AM.
—Ahora volvió a FM —respondió Marco.
De pronto miró su reloj, se despidió a toda prisa y se retiró a trabajar al restaurante. Jazmín también se despidió de la parejita.
—Oye, Jazmín, ¿te gusta ese chico? —preguntó doña Yolanda.
—¿Quién, Marco? Él es solo un buen amigo.
—Apúrate, hija, consíguete una pareja. No te quedes sola. Mírame a mí, quién iba a pensar que a mis 77 años me iba a casar... y aquí estoy con Jesusito. ¿No es así?
—Ejem... sí, querida —dijo el señor Jesús, encorvando los hombros.
—Oye, Jazmín, ¿y has seguido escribiendo? —preguntó la señora Yolanda.
—A veces —respondió Jazmín.
—Eres muy talentosa. Quién sabe si un día te hagas famosa. ¡Ánimo!
—Lo haré. Con permiso —respondió Jazmín.
Se despidió de sus vecinos y continuó su búsqueda de empleo.
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Jazmín manejaba por las calles de la ciudad escuchando "Breathless" de The Corrs. De pronto entró a la tienda de muebles de su amiga Odalys, quien estaba aburrida por la falta de clientes y entretenida viendo la televisión. Ambas se quedaron observando la telenovela hasta que llegó un comprador; Odalys apagó el televisor y se dispuso a atenderlo. Jazmín se retiró frustrada: otra jornada sin respuestas.
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Más tarde regresó a su apartamento. Se conectó a internet y entró al foro para averiguar novedades sobre las telenovelas peruanas. Allí un enlace le llamó la atención: una historia titulada Novela Cebolla, firmada por un autor llamado Pato. Era un texto con diálogos en el que los personajes llevaban nombres de reconocidos actores: Guy Ecker, Lorna Paz, Roberto Vander...
Comenzó a leer fascinada por el estilo satírico. La obra narraba el rodaje de una telenovela en Chile y mostraba lo que ocurría detrás de cámaras: el proceso de casting, la efímera fama, los romances secretos, los conflictos y hasta un reality show al estilo de Laura Bozzo. Justo en esos días, el administrador del foro propuso que los usuarios escribieran su propia historia. Jazmín recordó las palabras de aliento de la señora Yolanda; se ofreció como voluntaria y terminó asumiendo la redacción de la foronovela. Así descubrió ese apasionante mundo virtual.
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Horas después, Marco trabajaba como busboy en un restaurante italiano en el noroeste de la ciudad. Mientras ordenaba las mesas, apareció una exuberante rubia de ojos verdes, alta y con porte de reina. Marco la reconoció de inmediato: era Margarita, la bellísima modelo de la que estaba enamorado en secreto.
—Hola, guapo. ¿Ya hay servicio? —dijo Margarita, dedicándole una sonrisa coqueta. —Ejem... abrimos en unas horas...
Margarita le guiñó un ojo y se sentó cruzando las piernas. Marco trataba de disimular los nervios mientras ella hojearía el menú.
—Oye, guapo, ¿qué son los tagliatelle? —preguntó buscando hacer conversación.
—Los tagliatelle son un tipo de pasta tradicional de las regiones italianas de Emilia-Romaña y Las Marcas —respondió él tras tomar aire.
—Qué interesante. ¿Puedo pedir una orden?
—Claro, ahora mismo le aviso al chef.
—Gracias. Oye, ¿de dónde eres?
—Nací en el Perú.
—¡Oh, un peruano! ¿Y te gusta vivir en Miami?
—Sí, la vida aquí es tranquila.
—Mucho gusto. Yo nací en Miami, pero mi padre es de Albania y mi madre es de Medellín, Colombia.
—Hablas un español perfecto.
—Aprendí gracias a mi madre; ella siempre me inculcó mantener el idioma.
Intercambiaron miradas complices antes de que ella se retirara. Margarita continuó su día haciendo compras en el mall y luego regresó a su lujoso apartamento. Aunque destacaba como modelo en portadas y comerciales, había hecho pequeños papeles en telenovelas locales. Estaba comprometida con el empresario Juan Alejandro Enríquez, dueño de una firma de importación y exportación, pero atravesaban momentos difíciles por el poco tiempo que él le dedicaba.
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Esa noche, Margarita lo esperaba con un atuendo sensual. Juan Alejandro llegó, pero apenas la miró; lucía exhausto.—Buenas noches, amorcito —dijo ella, besándolo.
—Hola —respondió él de forma indiferente, encaminándose al sofá para ver las noticias.
—Amorcito, ¿qué te parece si vamos al cine?
—Estoy cansado. He tenido demasiado trabajo y no tengo asistente. La anterior renunció porque se casó y quedó embarazada.
—Pero la vida no es solo trabajar... también hay que disfrutar.
—Ve tú si quieres. Yo me quedo a descansar. Mañana madrugo. Buenas noches.
Juan Alejandro se fue a la recámara. Frustrada, Margarita decidió arreglarse y salir sola a una discoteca.
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En la discoteca se reencontró con Marco. La química fue instantánea y bailaron toda la noche al ritmo de "Tu cariñito" de Puerto Rican Power.
"Porque yo quiero que tú vuelvas a mí / Que me des tu cariñito, mi amor / Y que me llenes de besitos y más..."
Los días transcurrieron entre encuentros casuales, mientras Juan Alejandro publicaba un anuncio clasificado buscando asistente.
Cada tarde al salir del trabajo, Marco sintonizaba el programa de rock en español del DJ colombiano Kiko Lozada. En la emisión sonorizaban artistas emergentes: Juanes fusionando rock con vallenato, la propuesta de Si Sé, los locales Volumen Cero, Los Rabanes, Bacilos con su éxito "Tabaco y Chanel", Manu Chao y el grupo peruano Libido, anunciando un show en Key Biscayne.
Una tarde, una oyente llamó a la emisora para pedir el tema "¿Para qué?" del dúo Ana y Jaime. La voz era la de Margarita. Marco escuchó la llamada al otro lado de la línea, sintiéndose extrañamente conectado con ella:
"Necesito tu vida... necesito tus labios... que me llenen de besos al despertar..."
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Al día siguiente, Margarita visitó la tienda de Fabián, un exmúsico colombiano que vendía discos, artesanías y alimentos típicos para la comunidad hispana. Marco solía ir allí a buscar novedades y productos peruanos como la Inca Kola.
Mientras examinaba el CD La historia no se repite 2: 15 grandes éxitos del rock/pop colombiano, escuchó una voz a su espalda:
—Es una excelente recopilación —dijo Margarita, guiñándole un ojo.
Le señaló que el álbum incluía el tema de Ana y Jaime. Fabián reprodujo el disco y Marco, fascinado, decidió comprárselo y dárselo como obsequio.
—¡Oh, un Chocorramo! —exclamó ella al ver el pastelillo—. Guapo, ¿me compras uno?
Lo compartieron entre risas. En ese instante entró Jazmín y saludó a su vecino. Margarita no pudo evitar mostrar cierto celaje.
—Comprando música. Te presento a Margarita; Margarita, ella es Jazmín, mi vecina.
—Buscaba empleo y no me sale nada —comentó Jazmín tras saludarse con frialdad.
—Qué casualidad —intervino Marco—. Margarita me decía que su novio busca asistente.
—¡Acepto! ¿Dónde queda la oficina? —exclamó Jazmín.
Margarita le dio la dirección y la muchacha salió apresurada a la entrevista.
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Al llegar a la oficina, Juan Alejandro abrió la puerta. Al mirarse, ambos sintieron una sacudida inevitable.
—¿Margarita? Vaya... ¿tienes experiencia?
—Tomé cursos de contabilidad y finanzas en el college.
—Llegas en el momento perfecto; el trabajo me supera.
Le explicó la dinámica: una empresa trading que importaba suministros de oficina (cintas de máquina, papel carbón, tóner) desde China, Inglaterra, Estados Unidos y Canadá, para reexportarlos a Latinoamérica. Quedó contratada de inmediato. Jazmín puso un poco de música para amenizar la jornada y en el ambiente resonó "Cómo olvidar" de Tommy Torres.
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Esa noche, Jazmín festejó el empleo con Yolanda y Jesús. Doña Yolanda no tardó en pedir la televisión para ver la telenovela de la noche. Durante los comerciales, don Jesús le ofreció ayudarla con la contabilidad. De pronto, Yolanda gritó desde la sala:
—¡Jesús! ¡Jazmín! ¡Ya terminaron los comerciales, vengan a ver la novela!
Entre escenas dramáticas y comedias como la historia de la mujer fea que entraba a una empresa de modas, Jazmín encontraba inspiración para los capítulos que redactaba en el foro.
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—La situación era similar a como se vivió en el Perú en los 80 con el terrorismo —dijo Marco.
—Menos mal que aquí no va a pasar eso. Somos afortunados de vivir aquí —respondió Margarita.
Pero, a pesar del clima de violencia en Colombia, se realizó la Copa América de fútbol en ese país, con la ausencia del equipo de Argentina y varios equipos enviaron sus nóminas suplentes. Lo cierto es que, al final, el equipo colombiano obtuvo su primer título sudamericano. Además, gracias a Margarita, Marco comenzaba a ver telenovelas y, cuando no podía, las grababa en VCR.
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Por su parte, Jazmín estaba contenta en su trabajo organizando los archivos. Lo que más la estresaba era la indiferencia de los clientes para pagar. Se hacían los locos... «Le mando un e-mail», pero el e-mail nunca llegaba. Mientras tanto, los proveedores exigían que les pagaran su dinero... «¡¡¡Where is my money!!!». Jazmín estaba desesperada y le pedía ayuda al señor Jesús, quien había sido contador y le enseñó a elaborar journal entries y estados financieros: balance sheet e income statements. Era en esos momentos cuando aparecía la contadora Sandra, quien había sido alumna del señor Jesús, poniendo celosa a la señora Yolanda.
—Mi vida, no tienes nada que temer. La señora Sandra era solo una alumna.
Y el señor Jesús llenaba de besos y caricias a su esposa. La señora Yolanda se tranquilizó con las palabras de su marido. De pronto, la señora Yolanda observó que a la oficina le faltaba una cosa: ¡un televisor para ver la telenovela! ¡¡¡Jajajajajaja!!! ¡¡¡Buena idea!!! Así pues, con permiso del jefe, llevaron un televisor pequeño para ver la telenovela. Pero el trabajo era tan absorbente que había poco tiempo para verlas, por lo que lo mejor era grabarlas en VCR.
Cada día, ella trabajaba mientras escuchaba música, mayormente baladas en español interpretadas por Cristian Castro («porque este amor es azul como el mar azul»), Alejandro Fernández, Julio Iglesias («y empieza otra vez, dos corazones, dos historias»), Paulina Rubio («te dedico esta ranchera por ser el último adiós»), Ricardo Montaner («bésame despacio entre mi cuerpo y su silueta»), Olga Tañón («cómo olvidar lo que vivimos...») y Jaci Velasquez («cómo se cura una herida»), las cuales demostraban sus sentimientos hacia Juan Alejandro, su jefe... pero era un amor imposible.
Para esto, ella canalizaba sus frustrados sentimientos escribiendo su foronovela en la web. Así se imaginaba que era como Julia, la protagonista, una chica tímida y de condición humilde que se enamoró de un chico rico llamado Jerry (el nombre fue una recomendación de la señora Yolanda); o también los canalizaba en la historia de amor de Fiorella y Mariano. Todo ese amor por su jefe lo plasmó en sus personajes, tanto así que sus lectores consideraban esas tramas como las más interesantes de la foronovela.
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Un día, Margarita visitó la empresa.
—Hola, Jazmín. ¿Cómo te va?
—¡Agotador! Pero vale la pena. Juan Alejandro es un gran jefe.
—Sí, mi novio es un tipazo.
—¡Y guapísimo! Qué suerte tiene usted.
—Oye... ¿te gusta mi novio? —preguntó Margarita, encarándola.
—¡No! Él es mi jefe, no podría fijarme en él —respondió Jazmín, pálida.
—Por cierto, ¿cómo está Marco? Me habla mucho de ti.
—Es un gran chico. Me invitó a un concierto de rock en Key Biscayne.
En ese momento entró Juan Alejandro. Al ver a su asistente, suspiró disimuladamente.
—¿Qué concierto? —preguntó él.
—Uno de rock en español, aunque no creo que te interese —dijo Margarita.
—¡Vamos, jefecito, la vida no es solo trabajo! —animó Jazmín—. Yo iré con un amigo.
Juan Alejandro terminó aceptando acompañar a su novia.
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El día del evento, la discoteca en Key Biscayne lució repleta de fanáticos que aclamaban al grupo Libido. Sonaron temas como "En esta habitación" y "Tres". Al finalizar, la banda lanzó discos compactos al público.
Marco atrapó uno y al voltear chocó miradas con Margarita, quien le sonrió con complicidad. Juan Alejandro atrapó otro y al girarse se encontró de frente con Jazmín.
Juan Alejandro notó los coqueteos evidentes entre su novia y Marco.
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De regreso al apartamento, Juan Alejandro decidió encarar la situación.
—Margarita, ¿qué te traes con ese chico?
—No sé de qué hablas.
—¡Vi cómo te coqueteaba!
—¡Y yo vi cómo miras a tu secretaria!
—Jazmín es mi empleada, ¡tú me la recomendaste!
—¿Pero te gusta, verdad? —sentenció ella. Él guardó silencio—. Si te gusta Jazmín, no seré un impedimento. La paso de maravilla con Marquitos; es detallista y quiero formalizar algo serio con él. Terminamos.
Juan Alejandro recogió sus cosas y salió bajo una lluvia torrencial.
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Mientras conducía escuchando "I Want Love" de Elton John, comprendió que no podía seguir ocultando lo que sentía y se dirigió a casa de Jazmín.
Al escuchar el timbre, Jazmín abrió la puerta y encontró a su jefe empapado.
—¿Jefecito? ¿Qué hace aquí? —Terminé con Margarita —dijo él antes de que ella pudiera reaccionar—. No puedo disimularlo más. Te amo, Jazmín.
La tomó por la cintura y la besó con desesperación. Ella le correspondió y juntos fueron a la recámara, entregándose a la pasión mientras en la radio sonaba "Dos corazones, dos historias" de Alejandro Fernández y Julio Iglesias.
Así, ambas parejas formalizaron sus relaciones.
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Meses después, en la oficina, Juan Alejandro observaba con ternura a Jazmín.
—Qué hermosa eres —suspiró.
—Gracias —sonrió ella.
—¿Qué te parece si vamos a Las Vegas? Hay una feria de proveedores internacionales.
—¿Las Vegas está cerca de Los Ángeles, verdad?
—Relativamente. ¿Por qué?
—Mis padres viven allá. Quisiera visitarlos si no es molestia; hace mucho no los veo.
—Por supuesto. Tomamos el vuelo a Las Vegas y luego volamos a Los Ángeles a ver a tus padres.
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—¿Te pasa algo, mi amor? —dijo Juan Alejandro.
—Nada, mi amor. Tuve aquí un dolor en mi pecho. Pero no es nada grave.
—La vamos a pasar bien en Las Vegas. Oh, ya llegó el taxi. ¿Nos vamos?
—Sí, amor.
Jazmín y Juan Alejandro se besaron. Él tomó ambas maletas y se subieron al taxi. Durante el trayecto escucharon la canción "I'm Real", interpretada por Jennifer Lopez y Ja Rule, la cual era la número uno en los listados de popularidad del país.
Finalmente, llegaron al aeropuerto y se reunieron con los demás pasajeros en el counter de la aerolínea National Airlines, una empresa de Las Vegas con pocos años de funcionamiento. Rato después, Margarita y Marco también se subieron al mismo vuelo.
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El capitán y la tripulación les dieron la bienvenida. Los pasajeros se abrocharon los cinturones de seguridad; se encendieron las turbinas y comenzó el despegue rumbo a Las Vegas. Jazmín y Juan Alejandro iban agarrados de las manos. La duración del vuelo sería de cuatro horas y media, aproximadamente.
La tripulación había ordenado apagar los celulares, pero Jazmín sintió un mal presagio y no quiso apagar el suyo.
De repente, Margarita sintió que alguien la golpeó. Levantó la cara y reconoció a... ¿Jazmín?
—¿Margarita? ¿Qué estás haciendo aquí? —exclamó Jazmín.
—Voy a Las Vegas para un desfile de modas.
Y los cuatro se sentaron juntos.
Durante el vuelo, Jazmín cerró los ojos para dormir un rato. De pronto, el capitán se dirigió a los pasajeros por el intercomunicador:
"Ladies and gentlemen... this is your Captain speaking... we have to make an unexpected landing and the closest city is New Orleans."
El desconcierto se apoderó de la cabina. ¿Cómo es que el avión tenía que hacer una parada en Nueva Orleans? ¿Qué pasó? ¿Se quedó sin gasolina? De pronto, la voz del capitán resonó de nuevo para confirmar el descenso forzoso.
El teléfono celular de Jazmín comenzó a sonar. Eran sus padres, sofocados por el llanto.
—¡Jazmín! ¡Dime que no estás volando!
—Estamos en el aire, mami, ¿qué ocurre?
—¡Es una tragedia! ¡Atacaron el país! ¡Estrellaron aviones contra las Torres Gemelas y el Pentágono! ¡Una torre se cayó! ¡El presidente ordenó bajar todos los aviones!
La llamada se cortó. El pánico cundió en el avión cuando los demás pasajeros comenzaron a recibir llamadas similares. Jazmín y Juan Alejandro estaban incrédulos; no podían creer lo que les contaba la madre de Jazmín, quien siempre era exagerada. Pero al ver la reacción alarmada y confundida del resto de los pasajeros, la gravedad del momento se volvió innegable.
La aeronave aterrizó de emergencia en Nueva Orleans. Allí fue donde el capitán explicó la situación: un grupo de terroristas suicidas había secuestrado aviones comerciales para estrellarlos contra las Torres Gemelas y el Pentágono. El presidente de la nación había decretado el estado de emergencia, ordenando que todos los aviones aterrizaran de inmediato. Margarita estaba indignada; no podía creer que sucediera un ataque terrorista en el país. ¿Qué está pasando aquí?
Marco ayudó a Margarita con los maletines de mano. Así, poco a poco, los pasajeros fueron bajando del avión.
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En el aeropuerto, Juan Alejandro alquiló un auto, pero el acuerdo era solo para manejarlo dentro de la ciudad. Decidieron buscar desesperadamente un lugar para hospedarse y esperar la reanudación de los vuelos.
Se hospedaron en un apartamento de alquiler temporal con dos cuartos: uno para ellas y otro para ellos. La mayor parte del tiempo la pasaron pegados a la televisión, viendo las escalofriantes noticias del desplome de las Torres Gemelas y el ataque al Pentágono. Las autoridades estaban tras la pista del Vuelo 93 de United Airlines, secuestrado por otro grupo de terroristas islámicos. Al día siguiente, la aeronave apareció estrellada en un campo abandonado en Pensilvania. ¿Cuál era el objetivo de ese avión? ¿La Casa Blanca? ¿El Capitolio? ¿Era esto la tercera guerra mundial que profetizaban los clarividentes?
Margarita sufrió una crisis de angustia pensando en lo peor:
—¡¡¡Por qué!!! ¡¡¡Por qué!!! ¡¡¡Desgraciados!!! ¡¡¡Tenía planes, ilusiones, y estos imbéciles me las tiraron por la borda!!! ¡¡¡Infelices!!! —exclamó Margarita.
—Ya tranquilízate, Margarita. Estamos a salvo aquí. Tranquila.
—¿Y mi familia? ¡¡¡Ellos están preocupados!!! ¡¡¡Hay que llamarlos!!!
—No te preocupes —intervino Marco—. Yo los llamaré.
Entonces, Marco se comunicó con su familia y la de Margarita en Miami. Jazmín llamó a la suya en Los Ángeles para decirles que estaban a salvo.
—Bueno —dijo Juan Alejandro—, tenemos dos opciones: regresar a Miami en carro o quedarnos en Nueva Orleans hasta que la aerolínea nos diga cuándo abordar y reanudar el vuelo. ¿Qué dicen?
Margarita seguía desesperada y se jalaba el cabello. ¡¡¡No, no, no!!! Marco sujetó a su amada mientras Jazmín le preparaba un té relajante hasta que logró tranquilizarse. Luego, Jazmín puso un poco de música. Se escuchaba "I'm a Believer" de Smash Mouth, el cover de una canción de los años 60 usado para una película animada.
“And I saw her face and… I’m a believer!”
Las chicas comenzaron a bailar al compás de la pegajosa melodía. Marco también puso sus discos en un reproductor de CD que estaba en la habitación.
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Así pasaban los días. Los hombres salían a comprar algo de comer mientras las chicas se quedaban en casa. Margarita no quería ver la televisión; no soportaba los reportajes sobre el ataque. Para distraer su mente, Jazmín buscó hacerle conversación:
—¿Te conté que estoy escribiendo una novela en un foro de la web?
—¿Una novela?
—Así es, y yo escojo el elenco y la banda sonora. Tengo algunos lectores que aportan ideas sobre la trama.
—¿Dónde puedo leerla?
Jazmín sacó su portátil y se conectó a la red de internet. Lograron ingresar al foro donde estaban publicados los capítulos de la foronovela. Margarita comenzó a leerlos y logró distraerse y calmarse.
Las chicas y los chicos aprovecharon para pasear un rato por Nueva Orleans. Estuvieron en Bourbon Street, a pesar de que no había ambiente debido a la emergencia nacional. Gracias a la ayuda de Jazmín, Marco y Juan Alejandro, Margarita recuperó la tranquilidad. Dos días después, recibieron la llamada de la aerolínea para reanudar el viaje a Las Vegas.
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Finalmente, llegaron a Las Vegas, Nevada: la ciudad del pecado. Algunos espectáculos habían sido cancelados por la situación nacional, pero asistieron a un show de magia en el hotel Tropicana a cargo del ilusionista Rick Thomas. No era tan espectacular como Siegfried & Roy, pero resultó entretenido para pasar un buen rato. También asistieron a Mystère, el show del Cirque du Soleil para el cual solía ser difícil conseguir entradas, aunque esta vez las obtuvieron con facilidad. Visitaron el MGM Grand, el Luxor —decorado como el antiguo Egipto— y el famoso Caesars Palace. Comieron en un restaurante japonés donde el cocinero hizo su demostración con la comida y unos clientes les compartieron sushi. Además, asistieron a la exhibición de proveedores de Nevada y California, logrando buenos contactos de negocios.
Por supuesto, no podían dejar de ir al casino a jugar en las máquinas tragamonedas. Aunque no ganaron mucho, se divirtieron. En un momento, Jazmín desvió la mirada hacia un auto en exhibición y la ruleta.
—Oye, Margarita, a ver, intenta ganarte el auto. ¿Qué dices?
—No lo sé... ¿no es muy difícil? —dijo Margarita, avergonzada.
—No pierdes nada con intentarlo.
Juan Alejandro y Marco la animaron a jugar. Margarita hizo girar la ruleta y... ¡se lo ganó! Estaba feliz de haber conseguido un auto último modelo. Jazmín, Juan Alejandro y Marco felicitaron a la dichosa ganadora, y al final, Margarita y Marco reclamaron el vehículo.
Llegó el momento de tomar decisiones. Con el rostro desencajado tras el trauma vivido, Jazmín miró a Juan Alejandro a los ojos:
—Juan Alejandro... el mundo parece estar desmoronándose —dijo con voz quebrada—. Necesito abrazar a mis padres. Tengo que saber que están bien, mirarlos a la cara después de toda esta pesadilla.
—Lo entiendo, mi amor. Volaremos a Los Ángeles de inmediato —respondió él, tomándola de las manos.
Margarita y Marco regresaron a Miami manejando el auto que ganaron en el casino. Por su parte, Jazmín y Juan Alejandro continuaron su itinerario y volaron a California.
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Al llegar a Los Ángeles, el reencuentro fue conmovedor. Cuando sus padres abrieron la puerta, Jazmín rompió a llorar y se fundió en un abrazo eterno con ellos. Sus padres, entre lágrimas y tras días de incertidumbre por el caos aéreo, la apretaron contra sus pechos. Su madre le besaba el rostro repetidamente agradeciendo al cielo que estuviera con vida, mientras su padre abrazaba también a Juan Alejandro, profundamente emocionado por la presencia del hombre que había protegido a su hija. Durante tres días compartieron cenas familiares, recuerdos y la calidez del hogar.
Sin embargo, al finalizar el fin de semana, la realidad llamaba a su puerta. Aunque amaba su hogar paterno, su corazón pertenecía a Florida.
—Mamá, papá... tengo que volver —dijo Jazmín en la despedida, abrazando a sus padres con los ojos llenos de lágrimas—. Miami es donde construí mi camino, donde está mi trabajo, doña Yolanda, don Jesús... y donde quiero empezar mi historia con Juan Alejandro.
Tras una emotiva despedida en el aeropuerto de Los Ángeles, abordaron el vuelo de regreso. Al aterrizar en Florida, se reunieron en el aeropuerto de Miami con Marco y Margarita, quienes habían llegado horas antes conduciendo por carretera. Los cuatro amigos se abrazaron en la terminal, sintiendo un profundo alivio de estar a salvo.
De vuelta en el edificio, los vecinos los recibieron entre vítores y lágrimas. Meses después, los padres de Jazmín les dieron una sorpresa al llegar para hospedarse en Miami... pero esa es otra historia.
FIN



















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