Valentina en Qatar (Relato corregido y pulido con IA) (Primer Episodio)


NOTA: La siguiente es una reedicion de dos escenas del final de mi foronovela "Valentina y Victoria", pero, corregidas y pulidas usando la IA. No es necesario leer la foronovela para poder entender y apreciar esta historia.

Episodio 1: La chispa en la sala de espera (Episodio corregido y modificado con IA)

Acto I: Una mañana de dudas

Esa tarde del año 2022, a unos meses del inicio de la Copa Mundial de Fútbol, Valentina aprovecha su día libre para encaminarse al médico para su chequeo de rutina. En casa se han quedado su madre y sus hermanas al cuidado de Victoria, su hermana gemela, quien está embarazada.

La mente de Valentina es un torbellino: la invitación de sus primas Cata y Jennifer para viajar a la Copa Mundial de Qatar no deja de darle vueltas. ¿Realmente vale la pena ir tan lejos, a una cultura tan extraña y diferente, solo por un partido de fútbol? Pero, además, Valentina acaba de descubrir que Lucas, el amor de su vida, ha viajado a Qatar como corresponsal de prensa para cubrir las incidencias del evento.

Al llegar a la clínica, toma asiento en la sala de espera. A su lado se encuentra Yolanda, una pulcra señora peruana que entabla conversación comentando que dedicó su vida a la docencia como directora de una escuela primaria. Cerca de ellas se ubica Edgardo, otro señor peruano, dueño de una risa estruendosa y sumamente peculiar: "¡¡¡Ajajajajajajajá!!!".

El ambiente se anima cuando las puertas se abren y entra Byron, un señor ecuatoriano que acaba de bajarse del autobús. No viene solo; lo acompañan Franklin, un entusiasta costarricense que aún recuerda sus días en la maratón de Miami, Richard, un peruano muy joven, e Hilario, un impulsivo y apasionado fanático argentino.

Casi sin darse cuenta, el murmullo de la sala de espera es absorbido por un único y magnético tema de conversación: el mundial de fútbol.

Acto II: Tertulia de viejas glorias

—Me acuerdo del mundial del 70 en México —dice Byron.
—¿El mundial del 70? —interviene Edgardo—. Buen mundial, excelente nivel técnico... ¡¡¡Ajajajajajajá!!!
—Yo estuve en Toluca —añade Byron—. Me vi un partido, creo que jugaban Israel con Italia... creo... ¡¡¡Qué partido más aburrido!!! Casi me quedo dormido... pero, salvo ese encuentro, hubo grandes partidos. El Perú tenía un buen equipo.
—¡¡¡Tenía un equipazo!!! —exclama Edgardo—. ¡¡¡Pero tenía un arquero malísimo, "manos de mantequilla"!!! ¡¡¡No atajaba ni una!!! ¡¡¡Ajajajajajajajá!!!
—¿Cómo era la alineación? —recuerda Byron—. Cubillas, Chumpitaz, Mifflin... y este cómo se llamaba... León... muy bueno... yo los vi jugar en vivo... qué gran selección. Pero no pudieron ganarle a un gran equipo brasileño con Pelé y diez "cracks" jugando con él.
—Brasil era un equipo imbatible. Rara vez veremos un equipo tan bueno —asegura Edgardo.
—¡¡¡Ché!!! —interviene Hilario—. ¡El mejor mundial, México 86! ¡¡¡Maradona todo un crack!!!
—Sí, cuando hizo el gol con la mano —comenta Byron.
—Viveza, pues, lo hizo sin que el árbitro lo viera. Y después anotó un golazo —dice Edgardo.
—Un crack que se echó a perder por el vicio. Qué lástima —lamenta Yolanda.
—Pero, sin duda, México 86 ha sido el mejor mundial que ganó Argentina —agrega Edgardo.
—¡¡¡Ché!!! —se mete Hilario—. ¿Andá, y qué dejás para Argentina 78?
—¡¡¡Bah!!! —exclama Edgardo—. ¡¡¡Eso fue con "echada", Perú se dejó meter seis goles!!!
—¡¡¡Ché!!! —grita Hilario con indignación—. ¡¡¡Qué boludez estás diciendo!!! ¡¡¡Argentina ganó de punta a punta ese campeonato!!! ¡¡¡Teníamos a Kempes, Bertoni, Passarella, Fillol, Tarantini!!!
—Bueno —interviene Edgardo con picardía—. Se dice por ahí que el presidente de Argentina mandó toneladas de contenedores de comida a Perú si se dejaban meter más de seis goles.
—Ese partido era sospechoso —asiente Yolanda—. Inaudito que Perú perdiera por seis goles en ese encuentro.
—¡¡¡Ché, lo que dicen es una boludez!!! —insiste Hilario.

Valentina nota el ambiente tenso y decide intervenir para calmar las aguas.

—¡¡¡Ejem!!! —dice Valentina tímidamente—. Calma, calma, por favor. Es evidente que tanto Perú como Argentina han tenido grandes equipos. Y la verdad, en la vida se gana y se pierde. De todos modos, debe ser emocionante ir a un mundial y ver jugar a esos grandes profesionales.
—Es una experiencia increíble e inolvidable —dice la señora Yolanda—. Yo nunca me voy a olvidar la vez que fui al mundial y me sacó a bailar un moreno brasileño... ¡¡¡Y cómo bailaba y movía la cintura al son de la batucada!!! ¡¡¡Qué recuerdos!!!
La señora Yolanda cierra los ojos, mueve los hombros con picardía e imita con la boca el ritmo de los tambores: "¡Taca-ta-taca-ta-taca-ta!"

Acto III: Pasión generacional

En ese momento, interviene Richard, el joven peruano.

—Yo estuve para el partido de Perú con Dinamarca en Saransk, Rusia.
—¿En serio? —dice Valentina—. ¡¡¡Qué emoción viajar tan lejos por un partido de fútbol!!!
—Sí, pe —dice Richard—. Pero a mí casi me roba un compatriota... ¡¡¡Jajajajajaja!!! Aunque eso no fue lo peor... sino el penal que se falló Cueva... ¡¡¡Asu!!! ¡¡¡Todavía tengo coraje de recordarlo!!! Pero es impresionante ver esa marea blanquirroja en el estadio y cómo cantábamos el Himno desde un estadio en Rusia. ¡¡¡Qué emoción!!! No tengo palabras para expresar lo que vi esa vez.
—¿Andá, y tomaste fotos? —pregunta Yolanda.
—No pude —responde Richard—. Se me presentó un inconveniente y no pudimos tomar ni fotos ni videos. Qué lástima. Los recuerdos quedan en mi mente. Hasta conocí a un fanático danés... muy alto... uf... me pasaba como por dos metros.
—Qué lástima, "characato" —bromea Edgardo.
—¿Por qué me llamas "characato"? —dice Richard con falsa indignación—. Yo no soy characato, soy limeño.
—¿En serio? —interviene Yolanda—. Pensé que eras de Arequipa.
—En realidad nací en Lima, pero a los tres años me fui a vivir a Arequipa —aclara Richard.
—O sea, eres characato de corazón —concluye Edgardo.
—Perdón —interviene Valentina—. ¿Qué es un "characato"?
—Mi niña —explica doña Yolanda—, así le dicen a los originarios de Arequipa, una de las ciudades más importantes del Perú. Me acuerdo de que conocí Arequipa hace mucho tiempo, una ciudad muy linda y pintoresca. Eso sí... la gente... a veces no la paso... excepto a ti, Richard, porque eres limeño de nacimiento.
—Gracias, señora Yolanda —responde Richard, dejando escapar sin querer un marcado dejo arequipeño.
—Debe ser maravilloso conocer el Perú —comenta Valentina—. Mi bisabuela materna era peruana.
—O sea que llevas sangre peruana en las venas —sonríe Yolanda.
—Ejem, sí —continúa Valentina—. Por cierto, mis abuelos viajaron a Chile para un mundial.
—¿El Mundial del 62? —dice Edgardo—. Era un mundial de muy bajo nivel técnico, pe. ¿Se acuerdan de la 'Batalla de Santiago' entre Italia y Chile? ¡¡¡Pura pierna fuerte!!! ¡¡¡Parecía una guerra!!! Pero qué buenas que estaban las chilenas... ¡¡¡Ajajajajajajajaja!!!
—Yo solo he visto los partidos del mundial por TV —interviene Franklin—. Pero sí una vez fui al estadio para ver jugar a mi selección de Costa Rica frente a Guatemala. Era muy joven, pero me acuerdo bien de haber ido al Orange Bowl en Miami. Estaba lleno de guatemaltecos, éramos minoría, pero ganamos por goleada y, tiempo después, le quitamos el invicto a México en el mismísimo Azteca. ¡¡¡Pura vida!!! Espero que nos vaya bien en este Mundial.
—¿Qué grupo le tocó a Costa Rica? —pregunta Richard.
—Bueno, Richard —responde Franklin—, jugamos con España, Alemania y Japón. Sueño con que se repita lo del 2014 cuando llegamos a cuartos de final.
—El técnico de ese equipo del 2014 era el colombiano Jorge Luis Pinto —apunta Richard—. Él dirigió al Alianza Lima en Perú y lo sacó campeón después de muchos años.
—Colombia tiene un buen equipo —dice Valentina—. Mi mamá y mis tías se acuerdan de un partido en el que el equipo colombiano goleó al de Argentina.
—¡¡¡Ché!!! —exclama Hilario, efusivo—. ¡¡¡Ni me lo recuerdes!!! Ese fue el día más trágico de mi vida. Lo fui a ver con unos amigos en un bar. Argentina atacaba... ¡gol de Colombia! Argentina volvía a atacar... ¡otro gol de Colombia! Argentina seguía atacando... ¡otro gol de Colombia y nos fuimos del bar! Triste y cabizbajo, me lamenté por esos tres goles del equipo colombiano... ¡y me avisa otro amigo que habían sido cinco goles! ¡¡¡Cinco a cero nos bailaron los colombianos en nuestra propia casa!!!
—Ese fue un partido épico —comenta Byron—. Será difícil que se repita un resultado así. 
— Oye, por cierto, ¿contra quién juega Ecuador? —pregunta Franklin.
—A nosotros nos toca inaugurar el torneo con el anfitrión, Qatar —responde Byron con orgullo.
—¡¡¡Este mundial nos ganamos la tercera!!! —exclama Hilario—. ¡¡¡Tenemos a Messi!!! ¡¡¡Ar-gen-tina!!! ¡¡¡Ar-gen-tina!!! ¿Alguna vez les conté cuando debuté como jugador profesional?
—Lo has dicho muchas veces —dice Richard, suspirando con una sonrisa.
—Entré en el segundo tiempo —narra Hilario con pasión—. Mi equipo perdía 4 a 0... y cuando ingresé a la cancha... ¡¡¡nos anotan nueve goles más!!! ¡¡¡Y fue mi debut y despedida!!! Mi padre me gritaba desde la tribuna: "¡Hijo… hijo… hijo de pu…!"
—¡¡¡Jajajajajaja!!! —se ríe Valentina—. Sí, ya he escuchado esa anécdota antes. ¿Saben? Mi familia quiere viajar hasta Qatar para reunirnos, pero es que queda muy lejos y es una cultura extraña.
—Anda, querida, es una experiencia inolvidable y no la vas a repetir —la anima Yolanda.
—Es que Lucas está viajando a Qatar —confiesa Valentina.
—¿Lucas? —pregunta Yolanda—. ¿Quién es Lucas?
—Lucas era mi pareja —explica Valentina—, pero terminamos. Él ha sido asignado por un diario para ser corresponsal de prensa de la Copa Mundial.
—¿Andá, y por qué se separaron? —previene doña Yolanda.
—El hombre quería volver con su exnovia —responde Valentina—. Pero, al parecer, terminaron, porque he visto que sube fotos a sus redes completamente solo.
—Se ve que todavía lo quieres mucho —dice doña Yolanda con ternura.
—Lo amo con todo mi corazón —dice Valentina, nostálgica.
—Ay, qué romántico —se emociona doña Yolanda—. Como en las telenovelas. ¡De hecho, esta noche no me pierdo la mía, que está de lo más buena! Ya van a descubrir las maldades de la villana... ¡qué desgraciada es! Pero qué buen mozo está el galán principal, lo adoro.
—A mí no me gusta ver telenovelas —interrumpe Richard—. Eso es pura cursilería.
—Yo me veía la de Betty, la fea... era muy divertida... ¡¡¡Ajajajajajajá!!! —aporta Edgardo.
—La única telenovela que yo veía era María, la del barrio —añade Hilario—. ¡¡¡Cómo olvidarse de la 'Maldita lisiada'!!!
—Mi tía Sarita escribe una telenovela —comenta Valentina—. Quizás la haya visto usted, señora Yolanda.
—¿Cuál, chica? —pregunta la señora Yolanda, intrigada.
—Se llama Isabel, pobre secretaria —dice Valentina.

De inmediato, todos los presentes reaccionan con asombro, demostrando que son fieles seguidores.

—¿Tu tía escribe Isabel, pobre secretaria? —exclama Hilario—. Esa telenovela no me la pierdo por nada. Pero qué mujer más mala es esa Ligia, cómo hace sufrir a la pobre Isabel.
—Si veo a esa Ligia en la calle, le pego —asura Yolanda con el puño cerrado.
—Es mala —interviene Edgardo—, pero está muy buena. Es guapísima... ¡¡¡Ajajajajajajá!!!
—A esa actriz, la que hace de Ligia, la he visto en otras producciones —dice Richard—. Es muy guapa y excelente actriz.
—¿Cómo? —lo interrumpe Byron—. ¿Qué no decías que no veías telenovelas?

Richard se encoge de hombros, completamente colorado al verse descubierto ante todos.

—Bueno... —balbucea Richard—. Las veo ocasionalmente, jejejeje.
—Oh, yo sigo esa telenovela fielmente —continúa doña Yolanda—. La veo justo después de la novela de las ocho y antes de la de las diez de la noche. El galán es guapísimo y la protagonista es muy simpática y buena actriz.
—Esa Ligia es guapísima… ¡qué mujerón! —, exclaman Richard, Edgardo,Franklin y Byron.
—Señora Yolanda —dice Richard para desviar la atención—. Disculpe la molestia, pero entonces, ¿usted ve todas las telenovelas?
—Claro —responde doña Yolanda—. Es mi relax, me aleja de la realidad. No me las pierdo. Claro, las telenovelas... ¡y también los partidos de la Copa Mundial!
—Entonces, muchacha —le pregunta Franklin a Valentina—, ¿siempre viajarás a Qatar para ver el mundial?
—No lo sé todavía...
—Anímate, hija, quizás allá te reencuentres con tu galán —le guiña el ojo Yolanda.
—¡¡¡Y verás a Messi campeón!!! —remata Hilario.

Poco a poco, la enfermera comienza a llamar a los pacientes para sus respectivas citas. Valentina se queda pensativa en su asiento; tal vez todos esos entrañables desconocidos tengan razón y deba aceptar, de una vez por todas, la invitación de sus primas.

Acto IV: La decisión está tomada

El eco de las risas, los cánticos improvisados y la profunda nostalgia de la sala de espera golpean el corazón de Valentina. Mira a su alrededor: personas de distintas edades y procedencias, un grupo variopinto de Argentina, Perú, Ecuador y Costa Rica unidos por el mismo brillo en los ojos y la misma pasión.

Las dudas que la atormentaban por la mañana se disipan por completo. Las vibrantes palabras de los pacientes y la posibilidad de un reencuentro con Lucas se convierten en el impulso definitivo. Valentina sonríe, saca su teléfono y les escribe un mensaje rápido a Cata y Jennifer. El viaje a Qatar ya no es una incertidumbre; es el inicio de una travesía inolvidable.

FIN DEL EPISODIO 1

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