"Recordando a Milagros" (Versión original: "Recordando a Nía")
Por: Renzoch
***Personajes (Todo el elenco es IA):
*Milagros Sánchez (Foto: Milagros Chávez- actríz creada con IA):
*Mariano, el narrador:
*Claudio:
*Romina (Foto: Sara Elcy Muriel- actríz creada con IA):
*Kathy (Foto: Inés Lorena Puig Martínez- actríz creada con IA):
*Daniel:
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—"Hoy mi pared, está triste y vacía, porque quité su fotografía", —declamaban los acordes de una popular canción de los 80s, que escuchaban mucho mis padres.
No pensé que, con el transcurrir de los tiempos, lo que decía la letra, podría sucederme a mí. Y es que desde que ella se fue de mi vida, no he vuelto a ser el mismo, “flaco, ojeroso, cansado y sin ilusiones”, ya no tengo ninguna ilusión en mi vida… porque me hace falta Milagros… la extraño mucho… Milagros, ¿dónde estás? ¿Con quién estarás? No puedo soportar ver “tu dulce sonrisa, si ya no es mía”, si ya no es mía… y es que pensar en ella, me causa mucho daño… tengo que borrarla de mi mente, pero, no puedo… tengo que quitar su foto… pero, ni aún así, es imposible, su recuerdo es más fuerte cada día. La extraño.
Todavía recuerdo nuestro primer encuentro en la playa. Había ido a la playa junto con Claudio, mi mejor amigo y compañero de trabajo. Ambos trabajábamos como vendedores en una tienda de aparatos de Tecnología. Él vestía una camiseta que decía, “Flame On”, y cada vez que se le acercaba una chica, exclamaba: “¡¡¡Llamas a Mí!!!”. Y es que Claudio era un gran admirador de “La Antorcha Humana”, personaje del cómic de “Los 4 Fantásticos”.
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Todavía recuerdo nuestro primer encuentro en la playa. Había ido a la playa junto con Claudio, mi mejor amigo y compañero de trabajo. Ambos trabajábamos como vendedores en una tienda de aparatos de Tecnología. Él vestía una camiseta que decía, “Flame On”, y cada vez que se le acercaba una chica, exclamaba: “¡¡¡Llamas a Mí!!!”. Y es que Claudio era un gran admirador de “La Antorcha Humana”, personaje del cómic de “Los 4 Fantásticos”.
—¡¡¡Vamos, viejo Mariano, no seas tímido, es hora que conozcas a una chica!!! ¡¡¡Y aquí hay bastantes chicas para escoger!!! ¿Quién te gusta? Oye, ¿por qué no nos bañamos? —dijo Claudio.Le dije que no porque no sabía nadar. Entonces, Claudio se acercó a varias chicas, pero ninguna le hacía caso. Entonces, frustrado, decidió lanzarse hacia las aguas del mar, a ver si cortejaba alguna guapa bañista. Pero, ninguna le hacía caso.
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En ese momento, ella apareció. Estaba tan hermosa y sensual con su bikini rosado, su carismática sonrisa, y esa larga cabellera castaña que el viento despeinaba… y su piel bronceada por el sol. Ella me miró coqueta y me guiñó el ojo:
—Hola, guapo, ¿qué estás haciendo aquí? ¿No te vas a bañar? —preguntó ella.
En ese momento, me quedé impávido y no sabía qué responderle. Pero ella, dulcemente, me volvió a guiñar el ojo y me seguía haciendo conversación. Se presentó como “Milagros”, de Lima, Perú . ¿Milagros? Qué nombre tan curioso pero, a la vez hermoso… viniendo de una mujer tan bella como ella.
—Oye, guapo, no hablemos más de mí, está haciendo un bonito día soleado… ¡¡¡Vamos a bañarnos!!! ¿Si? —insistió.
De pronto, me volvió a guiñar el ojo y, en un acto impulsivo, me jaló del brazo y juntos nos lanzamos al mar. Poco a poco, ella me fue soltando y pude liberar mi temor al agua… ¡¡¡Miren!!! ¡¡¡No me lo van a creer!!! ¡¡¡Estaba nadando!!!
—¿Ves, guapo? No hay nada que temer… cualquier cosa te sostienes de mí… —me dijo con dulzura.
Yo suspiré al ver su cálida sonrisa. Nos quedamos mirando fijamente a los ojos, como si estuviéramos desconectados de los demás. De pronto, a lo lejos, escuchamos un quejumbroso grito de dolor:
—¡¡¡¡AUXILIO!!!! ¡¡¡HELP!!!!
Se trataba de mi amigo Claudio que se estaba ahogando. Pedimos ayuda. En ese momento, una exuberante morena, de cabello negro corto y vestida con un bikini rojo, se lanza al mar y se dirige a auxiliarlo. Milagros me ayudó a nadar hacia la orilla, donde nos reunimos con la mujer y mi amigo.
La bellísima muchacha le aplicó respiración boca a boca a Claudio. De pronto, él expulsa agua y logra despertar inconsciente. Su primera imagen es la de la morena, cuyo bello rostro alumbraba el sol. Claudio pensó que era un ángel. La morena se presentó como “Kathy” y dijo ser la salvavidas de turno.—No, guapo, estás sano y salvo. Tuviste un calambre muscular en el agua y bueno, yo te salvé —explicó Kathy.
—Gr…gracias… se.. señorita… —balbuceó Claudio.
—Te recomiendo que hagas ejercicios de calentamiento antes de entrar al agua. ¿Está claro? —advirtió ella.
—Si, está claro. Eh… ¿t…tienes no.. novio? —preguntó él.
—No, estoy soltera y sin compromiso —respondió ella.
—Qu..quiero in..invitarte a a..almorzar…
—Será después de mi turno…
Kathy y Claudio se miraron fijamente a los ojos, e intercambiaron sonrisas. Yo miraba dichoso, mientras Milagros me hizo una caricia por detrás. De pronto, y sin darme cuenta, Kathy, Claudio, Milagros y yo comenzamos a salir juntos.
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El otro día, en mi día libre, estaba solo cuando sonó el timbre. Era Milagros. Abrí la puerta y ella apareció sonriente, guiñando el ojo, como siempre.
—Hola, guapo, vine a hacerte la visita, ¿puedo pasar? —preguntó.
—Por supuesto, pasa, ¿quieres algo para tomar? —dije.
—Sí, quiero una “Diet Coke”, por favor… ¡¡¡Con mucho hielo!!! —respondió.
Me fui a la cocina. De pronto, ella se quedó husmeando por el apartamento. Miró con dicha la foto de los dos en la mesita de la sala. Encontró un CD “quemado” que le llamó la atención y lo colocó en el reproductor. Volvió a sonar esa canción: “Hoy mi pared, está triste y vacía, es que quité, tu fotografía…”. La dulce melodía la ponía triste. En ese momento, llegué a entregarle su bebida.
—Aquí está tu gaseosa, Milagros, ¿qué estás escuchando? —pregunté.
—Estoy escuchando esta canción… es muy antigua, ¿no? —dijo ella.
—Así es, es una canción que escuchaban mis padres… me gustaba más la música de antes, tenía más sentimiento.
Entonces, nos sentamos en el sofá. Ella cruzaba sus lindas y torneadas piernas mientras tomaba un sorbo.
—Nunca te pregunté, ¿a qué te dedicas? —cuestioné.
—Bueno, yo hago numerosos trabajitos por ahí… Recepcionista, secretaria, mesera… incluso he sido instructora de Pilates y Zumba. Pero mi más grande deseo es ser una actriz famosa. Quisiera ser como Meryl Streep —dijo ella.
Nos quedamos mirándonos fijamente. Yo suspiré al ver su sensual cruce de piernas.
—Eres muy bonita… —dije.
—Oh, gracias, y tú, eres muy guapo.
Me ruboricé por su piropo. De pronto, ella se lanzó contra mí, llenándome de besos y caricias, quitándome la ropa. Yo no aguanté y comencé a responderle. Corrimos hasta el dormitorio y nos lanzamos contra la cama para hacer salvajemente el amor. La abracé con todas mis fuerzas, mientras jadeaba su nombre: “Milagros… Milagros…”. Cada vez nos envolvíamos más en la pasión y el deseo ardiente.
Días después, Milagros y yo nos encontramos con Kathy y Claudio en la cafetería. Ellos pidieron un capuchino, mientras nosotros un café latte. Estaban muy abrazados.
—Aquí está tu gaseosa, Milagros, ¿qué estás escuchando? —pregunté.
—Estoy escuchando esta canción… es muy antigua, ¿no? —dijo ella.
—Así es, es una canción que escuchaban mis padres… me gustaba más la música de antes, tenía más sentimiento.
Entonces, nos sentamos en el sofá. Ella cruzaba sus lindas y torneadas piernas mientras tomaba un sorbo.
—Nunca te pregunté, ¿a qué te dedicas? —cuestioné.
—Bueno, yo hago numerosos trabajitos por ahí… Recepcionista, secretaria, mesera… incluso he sido instructora de Pilates y Zumba. Pero mi más grande deseo es ser una actriz famosa. Quisiera ser como Meryl Streep —dijo ella.
Nos quedamos mirándonos fijamente. Yo suspiré al ver su sensual cruce de piernas.
—Eres muy bonita… —dije.
—Oh, gracias, y tú, eres muy guapo.
Me ruboricé por su piropo. De pronto, ella se lanzó contra mí, llenándome de besos y caricias, quitándome la ropa. Yo no aguanté y comencé a responderle. Corrimos hasta el dormitorio y nos lanzamos contra la cama para hacer salvajemente el amor. La abracé con todas mis fuerzas, mientras jadeaba su nombre: “Milagros… Milagros…”. Cada vez nos envolvíamos más en la pasión y el deseo ardiente.
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Días después, Milagros y yo nos encontramos con Kathy y Claudio en la cafetería. Ellos pidieron un capuchino, mientras nosotros un café latte. Estaban muy abrazados.
—Milagros… Mariano… tenemos una petición que hacerles… —dijo Claudio—. ¡¡¡Vamos a casarnos!!! ¡¡¡Y queremos que ustedes sean los padrinos!!!Nos emocionamos y comenzamos a organizar los preparativos. Finalmente, llegó el día. Kathy tiró el bouquet y lo recibió Milagros. Claudio tiró la liga y, al ver que nadie la recogió, yo la tomé. Los invitados nos felicitaron y nos preguntaron cuándo sería nuestra boda. No supe qué responder.
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Yo manejaba rumbo a mi apartamento. Milagros estaba a mi lado, luciendo triste y preocupada.
—Mariano, ¿tú me quieres? —preguntó ella.
—Sí, claro, Milagros, yo te quiero mucho.
—No lo sé… es que tú nunca me lo dices.
—Te lo demuestro cada vez que hacemos el amor.
—Pero a veces quisiera escucharlo. Por favor, solo una vez.
No supe qué responderle y encendí la radio. Nuevamente sonaba “Fotografía”. Comenzó a llover, Milagros soltó una lágrima y me pidió que la dejara en su apartamento. Me dijo adiós.
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Días después, llamé a su celular, pero no contestó. Fui a buscarla y no estaba. ¿Qué pasó? ¿Dónde estás, Milagros? Comencé a desesperarme. Una tarde, caminando por el parque, la encontré… pero estaba tomada de la mano con otro hombre… y se besaron… ¡¡¡No puede ser!!! ¡¡¡Milagros me engaña!!! Quise armar una escena pero me contuve, me retiré lejos y regresé a casa. Saqué su fotografía de la pared y la guardé donde “están las cosas que me hacen daño”. ¿Para qué? Si esa sonrisa ya no es mía. Milagros… por qué…Pasaron los meses y yo estaba “flaco, ojeroso, cansado y sin ilusiones”. Empecé a escribir poemas de desamor dedicados a Milagros y su traición.
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Un día, me encontré cara a cara con ese hombre. Vestía un overol con su nombre estampado: “Daniel”. No me contuve y le pregunté por ella.
—¿Milagros? ¿Cómo es que conoces a Milagros? —preguntó Daniel.—¡¡¡Es mi novia y la mujer que amo!!! —grité.
—¡¡¡No puede ser!!! ¡¡¡Es mi prometida y nos vamos a casar!!! —respondió él.
—¿Ves ese anillo? Es nuestro compromiso… —dijo Daniel.
—¡¡¡Mientes!!! ¡¡¡Es mentira!!! —exclamé intentando golpearlo.
Claudio apareció de la nada y logró contenerlo. Daniel se retiró.
—Pero, Mariano, ¿por qué estás así? —preguntó Claudio.
—¡¡¡Milagros me engañó con otro!!! ¡¡¡Sin ella, la vida no tiene sentido!!! —respondí llorando.
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Claudio y Kathy me convencieron de ir a una discoteca. Pero no era lo mismo, todo me recordaba a ella. De pronto, apareció Romina, una espectacular rubia de ojos verdes, amiga de Kathy.
—Mucho gusto, guapo. Mi nombre es Romina —dijo ella, guiñándome el ojo.Empezó a sonar una canción bailable y Romina me jaló a la pista. Me seducía con sus movimientos, despertando mi admiración.
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A partir de ese momento, Romina y yo empezamos a salir. Disfrutaba su compañía, aunque ella también me contó cómo un hombre la dejó plantada en el altar. Me identifiqué con su dolor y formalizamos, aunque el recuerdo de Milagros seguía latente.
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Una noche, haciendo el amor con Romina, jadeé el nombre de “Milagros… Milagros…”. Ella se detuvo, encendió la luz y se levantó, indignada.
—¿Qué pasa? ¿Quién es Milagros? —preguntó.
Me sinceré con ella, contándole mi pasado.
—Yo te quiero mucho, Mariano… —dijo Romina, acariciándome—. Sabré esperar hasta que finalmente hayas podido olvidar a esa mujer.
Ella se levantó, pero yo la contuve en un acto impulsivo y volvimos a hacer el amor. Creí que Milagros había quedado atrás.
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Días después, mientras me alistaba para ir al cine con Romina, sonó el intercomunicador. Era “my girlfriend”. Al abrir la puerta, no pude salir del asombro… Era Milagros.
—Hola, guapo, ¿me extrañaste? —dijo ella, guiñándome el ojo.Perdí la noción del tiempo. Milagros comenzó a seducirme y, olvidando todo, fuimos al cuarto a hacer salvajemente el amor.
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Por su parte, Romina venía camino a mi apartamento cuando, en un semáforo, se encontró con Daniel.
—¿Daniel? ¿Eres tú? —dijo Romina.
—¿Romina? ¡¡¡Qué sorpresa!!! ¿Tan rápido me olvidaste? —preguntó él.
—¿Cómo pretendes que te extrañe si me dejaste plantada en plena boda? —reclamó ella.
Daniel la siguió hasta el edificio y logró contenerla antes de que entrara.
—¡¡¡Espera, Romina, tenemos que hablar!!! ¡¡¡He cambiado, te amo!!! —suplicaba él.
Ella logró entrar y subió a mi apartamento sin anunciarse… donde encontró a Milagros y a mí.—¡¡¡No puedo creerlo!!! ¡¡¡Cómo puedes hacerme esto!!! —gritó Romina.
—Es mi “exnovia”… ¡¡¡Tú y yo hemos terminado!!! —dije, aunque traté de alcanzarla.
Milagros logró contenerme, pero el recuerdo de Romina me hizo reaccionar.
—Lo siento, Milagros, pero no puedo hacerlo… pienso en Romina… —dije.
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Mientras tanto, en la portería, Romina salía llorando y se topó de nuevo con Daniel.
—¡¡¡Todos los hombres son iguales!!! —se lamentaba ella.—No sufras más por alguien que no vale la pena —dijo Daniel abrazándola.
Yo llegué a presenciar la escena.
—¡¡¡ROMINA!!! ¡¡¡NOOOOO!!!! —grité.
—¡¡¡Tú no puedes reclamarme, Mariano, ya que te encontré con otra!!! —respondió ella.
Daniel reconoció a Milagros.
—¿Milagros? —preguntó él.
—Estoy con un hombre de verdad, no como un pelele que solo pasaba jadeando el nombre de otra… ¡¡¡No te imaginas lo mucho que he sufrido cada vez que me llamabas “Romina”!!! —espetó Milagros.
Romina, al escuchar la confesión, se despidió para siempre.
—Tienes a Mariano nuevamente, Milagros. Sean felices. Adiós —dijo ella, retirándose con Daniel.
—Mariano, por favor, ¿es cierto lo que dijo ella? —preguntó Milagros.—Así es, Milagros, nunca he podido olvidarte. Te sigo amando… no puedo vivir sin ti.
Milagros me miró a los ojos, se enterneció y nos besamos con desmedida pasión. Así fue que ella volvió nuevamente a mi vida.
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Romina perdonó a Daniel y se casaron. Yo perdoné a Milagros, y juntos volvimos a reanudar nuestra relación por siempre y para siempre.
FIN



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